e-περιοδικό της Ενορίας Μπανάτου εν Ζακύνθω. Ιδιοκτήτης: Πρωτοπρεσβύτερος του Οικουμενικού Θρόνου Παναγιώτης Καποδίστριας (pakapodistrias@gmail.com), υπεύθυνος Γραφείου Τύπου Ι. Μητροπόλεως Ζακύνθου. Οι δημοσιογράφοι δύνανται να αντλούν στοιχεία, αφορώντα σε εκκλησιαστικά δρώμενα της Ζακύνθου, με αναφορά του συνδέσμου των αναδημοσιευόμενων. Η πνευματική ιδιοκτησία προστατεύεται από τον νόμο 2121/1993 και την Διεθνή Σύμβαση της Βέρνης, κυρωμένη από τον νόμο 100/1975.

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Δευτέρα, 30 Νοεμβρίου 2020

Το Παπικό Μήνυμα προς τον Οικουμενικό Πατριάρχη για τη Θρονική Εορτή 2020 [en - es - it]

 
MESSAGE OF POPE FRANCIS

TO HIS HOLINESS BARTHOLOMEW I ON THE OCCASION
OF THE FEAST OF SAINT ANDREW,
PATRON SAINT OF THE ECUMENICAL PATRIARCHATE

To His All Holiness Bartholomew
Archbishop of Constantinople
Ecumenical Patriarch

On the feast of the Apostle Andrew, beloved brother of Saint Peter and patron saint of the Ecumenical Patriarchate, I joyfully convey my spiritual closeness to Your All Holiness once again through the delegation. I join you in giving thanks to God for the rich fruits of divine providence manifest in the life of Saint Andrew. I likewise pray that through his powerful intercession our Lord, who called him to be among his first disciples, will abundantly bless you, your brothers in the episcopate and members of the Holy Synod, and all the clergy, monks and lay faithful gathered for the Divine Liturgy celebrated in the Patriarchal Church of Saint George at the Phanar. Calling to mind the charity, apostolic zeal and perseverance of Saint Andrew is a source of encouragement in these difficult and critical times. Giving glory to God also strengthens our faith and hope in the one who welcomed into eternal life the holy martyr Andrew, whose faith endured in time of trial.

I recall with great joy the presence of Your All Holiness at the international meeting for peace held in Rome on 20 October last, with the participation of representatives of various Churches and other religious traditions. Together with the challenges posed by the current pandemic, war continues to afflict many parts of the world, while new armed conflicts emerge to steal the lives of countless men and women. Undoubtedly all initiatives taken by national and international entities aimed at promoting peace are useful and necessary, yet conflict and violence will never cease until all people reach a deeper awareness that they have a mutual responsibility as brothers and sisters. In light of this, the Christian Churches, together with other religious traditions, have a primary duty to offer an example of dialogue, mutual respect and practical cooperation.

With profound gratitude to God, I have experienced this fraternity at first hand in the various encounters we have shared. In this regard, I acknowledge that the desire for ever greater closeness and understanding between Christians was manifest in the Ecumenical Patriarchate of Constantinople before the Catholic Church and other Churches engaged themselves in dialogue. This can be seen clearly in the encyclical letter of the Holy Synod of the Ecumenical Patriarchate addressed to the Churches worldwide exactly one hundred years ago. Indeed, its words remain relevant today: “When the several Churches are inspired by love, and place it before everything else in their judgment of the others and in relation towards each other, they will be able, instead of increasing and widening the existing dissentions, to lessen and diminish the same as far as possible; and by promoting a constant brotherly interest in the condition, the stability, and the prosperity of the other Churches, by their eagerness in watching what is happening in those Churches, and by obtaining a more accurate knowledge of them, and by their readiness to give, whenever occasion arises, a hand of help and assistance, they then will do and achieve many good things to the glory and profit both of themselves and of the whole Christian body, and to the advance of the matter of the union”.

We can thank God that relations between the Catholic Church and the Ecumenical Patriarchate have grown much over the past century, even as we continue to yearn for the goal of the restoration of full communion expressed through participation at the same Eucharistic altar. Although obstacles remain, I am confident that by walking together in mutual love and pursuing theological dialogue, we will reach that goal. This hope is based on our common faith in Jesus Christ, sent by God the Father to gather all people into one body, and the cornerstone of the one and holy Church, God’s holy temple, in which all of us are living stones, each according to our own particular charism or ministry bestowed by the Holy Spirit.

With these sentiments, I renew my warmest best wishes for the feast of Saint Andrew, and exchange with Your All Holiness an embrace of peace in the Lord.

Rome, Saint John Lateran, 30 November 2020 

FRANCIS

[vatican.va]

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A SU SANTIDAD BARTOLOMÉ I, PATRIARCA ECUMÉNICO
CON OCASIÓN DE LA FESTIVIDAD DE SAN ANDRÉS

A Su Santidad Bartolomé
Arzobispo de Constantinopla
Patriarca Ecuménico

En la fiesta del apóstol Andrés, querido hermano de san Pedro y patrono del Patriarcado Ecuménico, transmito con alegría mi cercanía espiritual a Su Santidad una vez más a través de la delegación. Me uno a usted para dar gracias a Dios por los ricos frutos de la divina Providencia que se manifiestan en la vida de san Andrés.

Asimismo, ruego que, por su poderosa intercesión, nuestro Señor, que lo llamó a estar entre sus primeros discípulos, bendiga abundantemente a Usted, a sus hermanos en el episcopado y a los miembros del Santo Sínodo, y a todo el clero, monjes y fieles laicos reunidos para la Divina Liturgia celebrada en la Iglesia Patriarcal de San Jorge en el Phanar. Recordar la caridad, el celo apostólico y la perseverancia de san Andrés es fuente de ánimo en estos tiempos difíciles y críticos. Dar gloria a Dios también fortalece nuestra fe y esperanza en Aquel que acogió en la vida eterna al santo mártir Andrés, cuya fe resistió en tiempos de prueba.

Recuerdo con gran alegría la presencia de Su Santidad en el encuentro internacional por la paz celebrado en Roma el 20 de octubre pasado, con la participación de representantes de varias Iglesias y otras tradiciones religiosas. Junto con los desafíos que plantea la actual pandemia, la guerra sigue afligiendo a muchas partes del mundo, mientras que nuevos conflictos armados surgen para robar la vida de innumerables hombres y mujeres. Sin duda, todas las iniciativas adoptadas por las entidades nacionales e internacionales destinadas a promover la paz son útiles y necesarias, pero los conflictos y la violencia nunca cesarán hasta que todas las personas alcancen una conciencia más profunda de que tienen una responsabilidad mutua como hermanos y hermanas. A la luz de esto, las iglesias cristianas, junto con otras tradiciones religiosas, tienen el deber primordial de ofrecer un ejemplo de diálogo, respeto mutuo y cooperación práctica.

Con profunda gratitud a Dios, he experimentado esta fraternidad de primera mano en los diversos encuentros que hemos compartido. A este respecto, reconozco que el deseo de una mayor cercanía y comprensión entre los cristianos se manifestó en el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla antes de que la Iglesia Católica y otras Iglesias se comprometieran en el diálogo. Puede verse claramente en la carta encíclica del Santo Sínodo del Patriarcado Ecuménico dirigida a las Iglesias de todo el mundo hace exactamente cien años. En efecto, sus palabras siguen siendo válidas hoy en día: «Cuando las diversas Iglesias se inspiren en el amor y lo antepongan a todo lo demás en su juicio sobre los otros y en su relación con cada uno, podrán, en lugar de aumentar y ampliar las disensiones existentes, disminuirlas y reducirlas tanto como sea posible; y promoviendo un constante interés fraternal por la condición, la estabilidad y la prosperidad de las demás Iglesias, por su afán de observar lo que sucede en ellas y por obtener un conocimiento más exacto de ellas, y por su disposición a dar, siempre que se presente la ocasión, una mano de ayuda y asistencia, entonces harán y lograrán muchos bienes para la gloria y el provecho tanto de ellos mismos como de todo el cuerpo cristiano, y para el avance de la cuestión de la unión».

Podemos dar gracias a Dios de que las relaciones entre la Iglesia Católica y el Patriarcado Ecuménico han crecido mucho en el último siglo, incluso mientras seguimos anhelando el objetivo de la restauración de la plena comunión expresada a través de la participación en el mismo altar eucarístico. Aunque siguen existiendo obstáculos, confío en que caminando juntos en el amor mutuo y persiguiendo el diálogo teológico, alcanzaremos esa meta. Esta esperanza se basa en nuestra fe común en Jesucristo, enviado por Dios Padre para reunir a todas las personas en un solo cuerpo, y la piedra angular de la Iglesia una y santa, el templo santo de Dios, en el que todos somos piedras vivas, cada uno según su propio carisma particular o ministerio otorgado por el Espíritu Santo.

Con estos sentimientos, renuevo mis mejores deseos para la fiesta de san Andrés, e intercambio con Su Santidad un abrazo de paz en el Señor.

Roma, San Juan de Letrán, 30 de noviembre de 2020

Francisco

***

MESSAGGIO DEL SANTO PADRE FRANCESCO
A SUA SANTITÀ BARTOLOMEO I, PATRIARCA ECUMENICO
IN OCCASIONE DELLA FESTA DI SANT’ANDREA


A Sua Santità Bartolomeo
Arcivescovo di Costantinopoli
Patriarca Ecumenico

Nella festa dell’Apostolo Andrea, amato fratello di san Pietro e santo patrono del Patriarcato Ecumenico, esprimo con gioia a Sua Santità la mia vicinanza spirituale ancora una volta attraverso la delegazione. Mi unisco a lei nel rendere grazie a Dio per i ricchi frutti della divina provvidenza, manifesti nella vita di sant’Adrea.

Allo stesso modo prego affinché, attraverso la potente intercessione di nostro Signore, che lo chiamò per essere tra i suoi primi discepoli, benedica abbondantemente lei, i suoi fratelli nell’episcopato e i membri del Santo Sinodo, e tutto il clero, i monaci e i laici fedeli riuniti per la Divina Liturgia celebrata nella Chiesa Patriarcale di San Giorgio al Fanar. Richiamare alla mente la carità, lo zelo apostolico e la perseveranza di sant’Andrea, è una fonte d’incoraggiamento in questi tempi difficili e critici. Rendere gloria a Dio rafforza anche la nostra fede e la nostra speranza in colui che accolse nella vita eterna il santo martire Andrea, la cui fede resistette nell’ora di prova.

Ricordo con grande gioia la presenza di Sua Santità all’incontro internazionale per la pace tenutosi a Roma il 20 ottobre scorso, con la partecipazione di rappresentanti di varie Chiese e di altre tradizioni religiose. Oltre alle sfide poste dall’attuale pandemia, la guerra continua ad affliggere molte aree del mondo, mentre nuovi conflitti armati emergono per rubare le vite di innumerevoli uomini e donne. Indubbiamente tutte le iniziative prese da organismi nazionali e internazionali, volte a promuovere la pace, sono utili e necessarie, tuttavia conflitto e violenza non cesseranno mai finché tutte le persone non raggiungeranno una più profonda consapevolezza di avere una responsabilità reciproca come fratelli e sorelle. Alla luce di ciò, le Chiese cristiane, insieme con altre tradizioni religiose, hanno un dovere primario di offrire un esempio di dialogo, mutuo rispetto e cooperazione pratica.

Con profonda gratitudine a Dio, ho sperimentato questa fraternità in prima persona nei vari incontri che abbiamo condiviso. A tale proposito, riconosco che il desiderio di una sempre maggiore vicinanza e comprensione tra cristiani si è manifestato nel Patriarcato Ecumenico di Costantinopoli prima che la Chiesa cattolica e altre Chiese s’impegnassero nel dialogo. Ciò si può chiaramente vedere nella lettera enciclica del Santo Sinodo del Patriarcato Ecumenico rivolta alle Chiese in tutto il mondo esattamente cento anni fa. Infatti, le sue parole risultano ancora oggi pertinenti: «Quando le diverse Chiese sono ispirate dall’amore e lo pongono prima di qualsiasi altra cosa nel loro giudizio degli altri e nella relazione gli uni verso gli altri, saranno capaci, invece di accrescere e ampliare i dissensi esistenti, di attenuarli e ridurli il più possibile; e promuovendo un costante interesse fraterno per la condizione, la stabilita e la prosperità delle altre Chiese, con il loro forte desiderio di vedere che cosa sta accadendo in quelle Chiese, e ottenendo una più accurata conoscenza di esse, e con la loro disponibilità a dare, ogni volta che si presenterà l’occasione, una mano di aiuto e di assistenza, allora faranno e otterranno molte cose buone per la gloria e a beneficio sia di se stesse sia dell’intero corpo cristiano, e per il progresso del tema dell’unione».

Possiamo rendere grazie a Dio per il fatto che le relazioni tra la Chiesa cattolica e il Patriarcato ecumenico sono cresciute molto nell’ultimo secolo, anche se continuiamo ad anelare all’obiettivo della restaurazione della piena comunione espressa attraverso la partecipazione allo stesso altare eucaristico. Sebbene gli ostacoli rimangano, sono fiducioso che camminando insieme nell’amore reciproco e perseguendo il dialogo teologico, raggiungeremo questo obiettivo. Tale speranza è basata sulla nostra fede comune in Gesù Cristo, inviato da Dio Padre per riunire tutti gli uomini in un corpo, e pietra d’angolo della Chiesa una e santa, santo tempio di Dio, nella quale tutti noi siamo pietre viventi, ognuno secondo il proprio particolare carisma o ministero conferitogli dallo Spirito Santo.

Con questi sentimenti, rinnovo i miei migliori auspici per la festa di sant’Andrea, e scambio con Sua Santità un abbraccio di pace nel Signore.

Roma, san Giovanni in Laterano, 30 novembre 2020
 

Francesco

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